domingo, 9 de octubre de 2016

El Cine es también Cultura



por Christian Wiener Fresco

Hace algunas semanas el Ministro de Cultura, Jorge Nieto Montesinos, anunció la disposición de su despacho para que en este gobierno se pueda contar, por fin, con una nueva ley de cinematografía. La noticia fue una grata sorpresa ya que los antecedentes de ortodoxia neoliberal del Presidente y buena parte de su equipo no parecía muy prometedor en ese sentido. Claro que ya sabemos también por experiencias previas que en política del dicho al hecho siempre hay mucho trecho, pero ya es importante y significativo que exista la convicción y voluntad política expresa del Ministro, y buena parte del gabinete, por hacerlo esta vez realidad.

Un buen paso a este fin es que los funcionarios del Ministerio hayan vuelto a convocar a los gremios de cine para retomar el proyecto que se estuvo discutiendo entre el 2011 y 2012, consensuado incluso con las empresas de distribuidores y exhibidores, y que finalmente fue archivado durante la gestión de la ministra Álvarez Calderón ante las previsibles objeciones del Ministerio de Economía y Finanzas.

 Las observaciones de los tecnócratas del MEF al proyecto de Ley son las conocidas, y que se han repetido en años anteriores: negativa a la creación de un fondo para la actividad cinematográfica (pese a que estaría manejado por el ministerio del sector), y a  la transferencia del actual impuesto municipal a la exhibición comercial de cine para financiarlo. Aducen que ello contravendría  los principios de caja única del Estado y distorsionaría la política tributaria, pero en realidad es una oposición más ideológica que sustentada en hechos, puesto que existen  otros impuestos dirigidos en el país que financian actividades específicas (como al pasaje en avión interno para financiar actividades turísticas) y que no han afectado la caja fiscal, como no sucedería en este caso que apenas representa el 10% del valor del boleto.

Tampoco la medida significaría un aumento de la carga impositiva a la entrada de cine, ya gravada con el IGV, puesto que solo cambiaría de destino el viejo impuesto municipal a los “espectáculos no deportivos”, que  beneficia a los distritos donde hay salas de cine (hoy casi siempre en un Mall) y que en total debe sumar alrededor de 40 millones de soles al año.

Lo que se busca en realidad es que, como en otras legislaciones, sea la propia actividad cinematográfica comercial la que financie al cine nacional, como es el caso de la exitosa normativa colombiana, promulgada hace 13 años luego de un largo y paciente trabajo de acuerdo entre las partes, e insospechable de intervencionismo estatal. Los resultados de este apoyo están a la vista para quien quiera informarse.

¿Y por qué la necesidad de una nueva legislación y diferentes ingresos a la normativa existente en el Perú? Porque la actual Ley, la 26370, dada en los años de Fujimori se ha revelado con el tiempo insuficiente, incompleta y extremadamente precaria, ya que depende del erario público, siempre esquivo e incierto, aunque en los últimos años, luego de la aprobación el 2012 de la modificatoria 29919, se ha venido cumpliendo con asignar el respectivo presupuesto ascendente a 2008 UIT, luego de más de veinte años de incumplimiento.  

El otro punto que encendió las alarmas de la fanaticada neoliberal en medios fue plantear la aplicación, no obligatoria, de la cuota de pantalla, amparado en la cláusula de excepción del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, que permite a los peruanos poder fijar hasta un máximo de 20% del total de las funciones de cine al año a la producción nacional. Como se ve, con esta medida preventiva no se infringe ninguna ley sino, otra vez, principios de supuesto libre mercado, ya que en realidad no estamos en este caso ante un mercado libre y perfecto, más bien monopolizado por la oferta hollywoodense, lo que ha provocado la exclusión reiterada del cine peruano no comercial de sus propias pantallas, como muchos cineastas desde hace años lo pueden atestiguar.

Tal vez el temor de fondo que no explicitan los empresarios del sector y sus defensores es que se empodere una autoridad cinematográfica que no signifique intervencionismo pero si supervisión de su actividad y, lo más importante, que defienda los intereses del cine peruano de todos los géneros y procedencia frente a la competencia exterior, y los intentos por excluirla de su llegada al público en condiciones similares al resto de la producción mundial.  

El patito feo

Ahora bien, desde un inicio, cuando se empezó a discutir la necesidad de una nueva legislación para el cine peruano, pareció claro para los representantes de los gremios que no se trataba solo de asegurar más presupuesto para producir películas, que también nos dotemos de una norma integral, ya que el cine o audiovisual en estos tiempos digitales, es una problemática amplia y compleja, que abarca muchos más aspectos que el fondo económico y como repartirlo. Al fin y al cabo esto fue parte de la intensa polémica que rodeo a la fallida “Ley Raffo” en los años 2009 y 2010, y que dividió al gremio.

Sin embargo, por lo que parece, el documento final que el Ministerio de Cultura viene discutiendo con los cineastas ha eliminado o reducido a lo meramente declarativo una serie de aspectos que el proyecto de ley desde un principio contempló como parte fundamental de una visión en conjunto e integral de la cinematografía.

Uno de esos aspectos es el referido a la “Comisión Fílmica”, para estimular y promover la producción extranjera en el país, no exclusivamente de documentales, sino filmes de ficción, series de televisión, etc., aprovechando nuestra rica y diversa geografía y espacios monumentales. Se ha dicho que ello interferiría con la labor de Promperú, pero lo cierto es que en casi diez años que se viene hablando  y postergando el tema, esa dependencia no ha avanzado nada, ni ha propuesto ningún beneficio para atraer a los inversionistas de afuera, por lo que seguimos a la zaga de otros países de la región mucho más dinámicos y propositivos al respecto (Chile, Colombia, México, Argentina, Brasil, Panamá, Venezuela, Cuba). Con ello, cabe anotar, se daría además oportunidades y empleo a los técnicos y jóvenes para incorporarse a la producción internacional.

Pero la mayor omisión es lo concerniente a la creación de la Cinemateca Nacional, que hasta ahora el Perú carece, convertida en un archivo como el que actualmente existe, sin mayores atribuciones ni posibilidades para su delicada y esencial labor de rescate, recuperación, mantenimiento, catalogación, preservación y eventualmente restauración y difusión de las obras audiovisuales nacionales y extranjeras. Todo lo cual requiere de infraestructura adecuada, personal técnico calificado y un presupuesto nada desdeñable. Justamente el año pasado me toco hacer unestudio para el Ministerio de Cultura sobre este tema, analizando las diversasexperiencias de otros países, y la importancia y necesidad de la misma comotarea central del Estado en la defensa y conservación de nuestro amplio patrimoniocultural (lo que no excluye a instituciones privadas, sin que ello signifique renunciar a la obligación del Ministerio de Cultura al respecto).

La trayectoria previa de la Biblioteca Nacional en este campo se ha revelado insuficiente e insatisfactoria, pese a los equipos técnicos que dispone, por lo que se necesita un organismo aparte y especializado, como sucede en el caso del Archivo General de la Nación, para no hablar del ejemplo de otros países.  

Otro asunto preocupante resulta dejar de lado la labor de creación de público de todas las edades y condiciones, indispensable si queremos tener espectadores formados y críticos que puedan apreciar el cine peruano y de otras latitudes de calidad. Es una gran y compleja tarea que abarca la escuela como fuera de ella, con programas de exhibición abierta, foros, talleres, etc.; y donde los colectivos culturales desde la sociedad civil, léase puntos de cultura entre otros,  deben ocupan un rol central (allí podría tener un importante presencia el canal del Estado). No basta con decir que en coordinación con el Ministerio de Educación se propiciará la enseñanza del lenguaje audiovisual y su apreciación crítica  en la educación básica, porque se corre el riesgo de quedar en mero enunciado sin concreción práctica, como ya sucedía en la actual Ley de Cinematografía.

Tal vez estos temas no preocupen demasiado a los gremios de cineastas, comprensiblemente más interesados en disponer de mayores fondos para hacer sus producciones que en otros aspectos de la actividad no tan rentables, pero ¿y el Ministerio de Cultura? ¿No debiera ser su mayor preocupación el promover la preservación del patrimonio y la formación cultural? Es curioso que a este nivel, de alguna manera se repita también el relegamiento de lo cultural, de forma similar a la que actúa el MEF al respecto.

Esperamos que los gremios y el Ministerio recapaciten sobre estos puntos y no lo dejen de lado del trabajo que vienen realizando por mejorar el proyecto y hacerlo lo más viable posible en lo económico, porque es muy importante que se entienda que es necesario avanzar en un proyecto de cine conjunto, que atienda toda la problemática del sector para sacarlo adelante en todos los aspectos (lo que incluye también la descentralización), no olvidando que el cine es arte, negocio, industria, comunicación, identidad, memoria y también cultura.

sábado, 16 de enero de 2016

Planes sin cines



Cada nueva elección presidencial en el país vuelve a poner los reflectores de la opinión pública medianamente informada sobre los programas y propuestas de los aspirantes a gobernarnos en el próximo lustro. Aunque sabemos que en muchos casos son una colección de lugares comunes, frases hechas, propuestas demagógicas,  generalidades gaseosas y buenos deseos, y que encima casi todos los incumplirán, de todas maneras sirven de indicadores del conocimiento (o mejor desconocimiento) de las diferentes realidades del país, sus prioridades, enfoques y propuestas, cuando las hay, y que supuestamente llevarán a cabo de ser favorecidos por el voto popular.  


Una primera constatación sobre lo publicado por el Jurado Electoral, para Fuerza Popular, Perú Posible, Perú Nación y Alianza Popular la cultura no existe. Algo tienen que decir, aunque sea más floro que contenido, en Alianza para el Progreso, Partido Nacionalista, Perú Libertario, Siempre Unidos, Democracia Directa, Progresando Perú y Partido Humanista Peruano. Y si tienen propuestas al respecto, aunque no con el mismo conocimiento ni profundidad,  en Frente Amplio, Peruanos por el Kambio, Acción Popular, Orden, Perú Patria Segura, Todos por el Perú, Solidaridad Nacional y Frente Esperanza (especialmente los dos primeros, dentro de sus respectivas perspectivas ideológicas, ya que en los otros se encuentran una suma desordenada de ideas, acciones y dislates, incluso contradictorios, y en muchos casos sin mayor sustento).

El panorama se hace más crítico cuando queremos analizar las políticas para sectores específicos como la cinematografía, donde salvo Frente Amplio y  Peruanos por el Kambio nadie parece tener nada que decir. Cosa curiosa, porque el cine peruano ha dado que hablar bastante en estos últimos años, sea por los sucesos de ‘La teta asustada’ y ‘AsuMare’, el aumento significativo de estrenos peruanos o el debate sobre la ley de cine; pero para la gran mayoría de nuestros políticos y sus técnicos y asesores, parece llover sobre mojado (cuan diferente a países como España, o más cercanamente Argentina, Brasil,  Chile, Colombia, Uruguay o Ecuador; donde si se debaten estos temas, y los políticos y sus asesores pueden hablar con fundamento de esos y otros asuntos).

De todas maneras hay algunos que a falta de palabras hablan por las acciones que hicieron cuando fueron gobierno, como el fujimorismo, padre putativo de la Ley actual, la 26370, pero que también fue el primer responsable de su no aplicación, al incumplir con asignar el presupuesto establecido; lo que se prolongó con Toledo y Alan García en su segundo periodo, que tampoco cumplieron con entregar el presupuesto integro, ni permitieron un nuevo marco legal, pese a las promesas. Finalmente el nacionalismo, que si cumplió por fin con la Ley, dando una norma complementaria para su aplicación, pero que no se atrevió ni quiso apostar a un marco legal más amplio e integral con el proyecto  que promovió el Ministerio de Cultura y los gremios de cine, finalmente archivado para no molestar al MEF.

Revisando lo publicado por los dos grupos antes mencionados, hay que decir que las propuestas en el campo cinematográfico son bastante pobres y cuestionables.  En el caso del Frente Amplio su planteamiento más concreto es “Recuperación de CONACINE”, lo que parece más una reivindicación pasada que una apuesta al futuro con un organismo plural y representativo. No hay mayor explicación sin embargo de cómo esta medida pueda significar algo importante para el cine peruano actual, máxime si no hay un balance de lo que fue su accionar, ni de las denuncias que pesaron sobre los que estuvieron al mando del mismo en los últimos tiempos. Tampoco parece haberse tomado en cuenta que su existencia contraviene la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, que solo permite el uso y asignación de fondos públicos por funcionarios del Estado. Llama la atención sin embargo que no se diga nada de otros aspectos más importantes como la cuota de pantalla, la creación de la cinemateca nacional, la comisión fílmica o del fondo para la actividad cinematográfica, que formaban parte del proyecto de nueva ley de cine, que tampoco se menciona. En lo que si resulta positivo es la propuesta relacionada con la producción televisiva, en especial para la televisión pública, y la creación de un fondo similar o complementario al cinematográfico, lo que podría complementarse con el apoyo a la difusión y promoción de la producción independiente en ese importante medio, así como en las plataformas virtuales creadas o por crearse.

En referencia a Peruanos por el Kambio, ellos mencionan bastante escuetamente lo siguiente: “En cuanto al sector cinematográfico, la entrega del fondo concursable de la Ley de Cine empezó a cumplirse a cabalidad luego de 20 años de promulgada la Ley respectiva (la Ley Nº 26370, de 1994) Es necesario que este compromiso estatal no dé marcha atrás; así como es indispensable trabajar en la actualización de su legislación“. Lo que significa que por lo menos en el papel, se asegura el cumplimiento de la ley y sus recursos por ser un “compromiso estatal”. Es interesante también que sea el único que  hable de actualizar la legislación, aunque cabría preguntarse en qué sentido se propone y al servicio de quienes, ya que podría significar una vuelta a propuestas como la “ley Raffo” antes que a las que han venido sosteniendo los cineastas en los últimos años. Debe tenerse en cuenta que la cabeza de esta agrupación y candidato presidencial fue Ministro de Economía y Primer Ministro en la administración de Toledo, donde no solo se incumplió la ley sino se eliminó la exoneración tributaria para las películas peruanas y culturales, como se había hecho también con el impuesto a los espectáculos culturales (que finalmente se revirtió por la masiva protesta de los artistas y teatreros). Y quien lo acompaña en la plancha fue Ministra de Economía de García, y enemiga acérrima de una posible ley de Mecenazgo, a pesar de que era impulsada por congresistas del Apra.

En fin, así están las cosas para el cine peruano, con una cartelera electoral que a veces parece  tan lamentable como la de los cines comerciales…esperemos el intermedio.         

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Tres simples proposiciones para mejorar los concursos de cine



Ingresando ya a la recta final del gobierno de Humala, es inevitable revisar lo que se ha avanzado y  lo que se podría haberse hecho, y no se quiso o pudo. Hay muchos temas y áreas, y solo en el campo de la cultura varios puntos y enfoques que replantearse. Pero en ese caso me limitare solo al área del cine, donde innegablemente hubo avances pero también frustraciones, lo que ha dejado un sinsabor a muchos, aunque no falten tampoco los que se consideran más que satisfechos con la situación actual. 

Sin duda el gran tema pendiente es el de la nueva Ley, luego de decenas de intentos frustrados, el último de los cuales fue impulsado por el propio Ministerio de Cultura, aunque luego desestimado ante la previsible negativa del MEF. Se perdió una gran oportunidad de colocarnos al nivel de otras cinematografías de la región, no solo en producción de películas sino en desarrollo de todo el área audiovisual en su conjunto, pero la estrechez de mira y ortodoxia  neoliberal de los funcionarios que realmente dirigen el país desde el control de la economía y las finanzas, impidió siquiera que el texto llegue al Congreso y sea debatido como corresponde.

En lo que respecta a la Ley vigente, la 26370, si hay evidentes mejoras. La primera, obvio, es que por fin el Ejecutivo está cumpliendo con asignar el presupuesto que mandataba la Ley, y que en los quince años anteriores se escamoteo esa obligación legal. Eso fue posible también gracias a la aprobación de la Ley  29919, que modifica y adecua la norma a los cambios tecnológicos de los últimos años, lo que ha permitido además la consolidación de diversas modalidades de concursos por parte de la  Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios (DAFO) del Ministerio  de Cultura.

La gran oportunidad que tuvo el Ministerio para ordenar estas convocatorias fue desaprovechadacon la dación de la Resolución Ministerial Nº 206-2013-MC en julio del 2013, que a modo de reglamento pudo fijar los criterios básicos, generales y comunes a todos los concursos cinematográficos a convocarse por el Ministerio de Cultura, para evitar los cambios de las reglas del juego y sus requisitos de concurso a concurso, y de año a año. Pero no se hizo, prefiriéndose las generalidades e insistir en que cada concurso tenga sus propias particularidades.

Con todo, hay que reconocer que la realización de los concursos en los últimos años ha sido más regular, ordenada, y con mayores evidencias de imparcialidad que en los tiempos del CONACINE, donde se confundía no pocas veces la función directriz con los intereses particulares. Eso ha significado que los resultados de los últimos concursos sean menos cuestionados (aunque siempre habrá insatisfechos) y que la confianza en los convocantes sea mayor y más constante que antaño.

Sin embargo, los resultados y todo el proceso de los concursos no han estado exentos de algunos cuestionamientos validos por casos puntuales pero que los convocantes deberían estar atentos para no volver a incurrirlos para evitar cualquier sombra de duda en los procedimientos empleados. En ese sentido, me permito alcanzar sugerencia sobre tres aspectos concretos cuya solución no implica ni modificar la Ley o reglamento, sino un poco de buena voluntad y criterio de los organizadores. 

MAYOR TRANSPARENCIA EN LOS CONCURSOS 

El primero está en relación a la admisión o no a concurso. Como es conocido, este año un
realizador que ha trabajado en el extranjero apareció entre los ganadores del concurso para promocionar cine regional. ¿Es eso ilegal? Como están establecidas las bases, que plantean como único requisito la ubicación legal de la empresa, no, pero cuando menos se ve bastante mal, ya que se supone que el objetivo de esa convocatoria era promover la realización y desarrollo de la cinematografía en las diferentes regiones del país. En tal sentido, y para cautelar que ese objetivo no se pierda (que al fin de cuentas es más importante que las formalidades burocráticas) ¿por qué no aplicar las mismas reglas que se establecen para las películas peruanas, y que están señaladas en la propia Ley 26370? Es decir que se califica como película peruana (o en este caso de determinada región) la producida por empresa del lugar pero que además incluya al director. Es más, la Ley fija también porcentajes de técnicos y artistas que también podrían aplicarse. ¿O lo que es válido para lo máximo no lo debe ser también para lo mínimo?

Un segundo aspecto es referente al llamado “pitching” o presentación verbal, que es un mecanismo para que el Jurado conozca en directo y con la presencia de los propios directores y productores, los proyectos finalistas, su sustento y claridad y capacidad para explicarlos en un breve tiempo, y responder las interrogantes del Jurado. Es una buena solución, a falta de otras, para que la decisión final no se quede en meros papeles, que pueden aguantar cualquier cosa, sino que se confronten con los propios interesados. Pero, y aquí surge una primera interrogante, ¿por qué solo algunos concursos y no todos hacen uso de pitching? Se entiende que en los que son de obras terminadas ya resultan innecesarios, porque ella debe hablar por sí sola, pero en los demás ¿por qué esa selectividad? Lo justo debe ser aplicar un rasero común en todos los concursos.

Adicionalmente, y como un tema logístico pero practico, sería muy conveniente que todos los pitching fueran grabados y transmitidos en directo, y que puedan ser visualizados por la página web del Ministerio (así como otras actividades que organiza el Ministerio). Con ello se haría una labor pedagógica para futuros concursantes, facilitaría conocer y evaluar el conocimiento y desempeño de los miembros del Jurado, y la participación de los concursantes, evitando con la mayor transparencia y accesibilidad que los concursos que determinan el destino de los fondos públicos puedan ser después invalidados por algún mal perdedor amparándose en los secretos y susceptibilidades de su presentación (véase al respecto que instituciones como el CNM transmiten íntegramente sus audiencias para designar jueces y fiscales).

Por último, y no menos importante, ¿no se podría establecer una tabla de criterios y puntajes de calificación para los integrantes de los Jurado? Es cierto que su trabajo debe ser libre y autónomo, pero eso no significa que no se pueda establecer, como en cualquier concurso, aspectos centrales que deben observar y que estén explícitos en la convocatoria pública, para que no se termine argumentando cosas que no figuraban en las bases, pero que a juicio de los jurados supuestamente debía tener las obras ganadoras. La elaboración de esa tabla como la que se usan en los procesos de nombramiento o licitación no implica que se niegue el carácter subjetivo de toda decisión sobre calidad, pero cuando menos obligará a quienes las suscriben a ser más precisos y claros de las razones que los motivan a la hora de sustentar sus decisiones.

No olvidemos que no se tratan de los juegos florales de un colegio o una convocatoria particular, sino la que realiza el Estado con un presupuesto de más de siete millones de soles al año –sujeta por tanto al veredicto público- y que compromete incluso a personas del extranjero para que participen de ella, lo que ha garantizado mayor transparencia e independencia a sus decisiones. Pero siempre se puede mejorar, y para el bien de todos, es por lo que lanzamos estas propuestas por esta vía, a falta de debate y participación de los gremios existentes al respecto.                       

miércoles, 3 de diciembre de 2014

"Gloria del Pacífico" o las paradojas de la guerra y el cine peruano

por Christian Wiener

Páginas heroicas
Es bastante paradójico y hasta simbólico del Perú actual lo sucedido a la película peruana “Gloria del Pacífico” de Juan Carlos Oganes. Como se sabe, es una película que busca recrear los hechos históricos que rodearon la guerra con Chile en 1880 y los sucesos y personajes que participaron de las batallas del Alto de la Alianza y Arica.  El cine peruano, en general, escasamente ha abordado estos temas del pasado, siendo tal vez el único antecedente la cinta “Páginas heroicas” filmada en el año 1926 por José A. Carvalho, y prohibida por la Junta Censora del entonces gobierno de Leguía (que en esos años negociaba con Chile la devolución de las “provincias cautivas” de Tacna y Arica), lo que finalmente terminó frustrando la carrera de los productores, condenando la película al ostracismo y la leyenda. 

“Gloria del Pacífico”, por suerte, no ha tenido tan funesto destino, lo que no podía ser de otra manera, porque la censura oficial no existe en el país desde el año 1980. Sin embargo, y como ya ha sucedido antes, hay otras formas más sutiles pero no por ello menos perversas de boicotear una película, y es la manera como los exhibidores la van segregando y arrinconando en sus salas, a pesar que no se pueda decir en este caso que no haya asistido público para verla. Pero se dirá que de todas maneras se ha estrenado, omitiendo que por las ambiciones de la producción, esta hubiera requerido un trato cuando menos  similar al que brindan a tanto blockbuster gringo conque inundan cada cierto tiempo la cartelera, lo que ha obligado a la producción a buscar formas alternativas de distribución en el interior del país. Otros que también fueron, por decir lo menos, poco promocionales y en algunos casos hasta mezquinos, fueron los grandes medios de comunicación,  en especial si uno compara con la manera como exaltaban y publicitaron a “Asu Mare” o “A los 40”, así como otros estrenos más mediáticos o con temas menos controversiales. Y por último, por parte del propio Estado, ya que si bien la película no recibió ninguna de los diferentes tipos de ayuda y subvenciones que brinda la Ley de Cine y el fondo Ibermedia, realizándose exclusivamente con capitales privados, pudo cuando menos haber tenido un impulso y promoción cuando menos para su estreno, no solo por parte del Ministerio de Cultura sino también del de Educación, que buena falta hacen producciones como esta para la currícula escolar.

Por lo demás, y hay que decirlo, la cinta de Oganes es digna y logra superar una serie de prejuicios y caricaturas a los que suele ser tan afecta estas producciones, presentando una visión de los hechos bastante sugerente y convincente en sus escenas de acción, que más allá de alguna frase o pose para la historia, impresiona por su despliegue y ambición. Lo que es no poca cosa en un país que hasta hace poco no quería mirar atrás ni indagar en su historia, a no ser para burlarse de ella, como irresponsablemente  sucedió con la obra teatral “Perú jaja” (vale la pena mencionar que otro interesante antecedente, poco valorado, son los cromos heroicos con que juega la niña Cayetana de “Las malas intenciones” de Rosario García-Montero).

Sin embargo, hablaba al inicio de las paradojas que rodean a esta película y una de ellas es la coincidencia histórica con el fallo del Tribunal de la Haya sobre los límites marítimos con el vecino del sur (lo que demuestra la plena vigencia y actualidad del tema, al igual – y no es casualidad- que “Páginas heroicas” en los años 20). Pero lo más paradojal es que su estreno se dio en el contexto de un gobierno que se proclama nacionalista, con un Presidente, militar por añadidura, y cuya imagen  de candidato se construyó en gran parte reivindicando los fueros de la nación frente a los anteriores gobiernos entreguistas, y una de cuyas banderas principales fue reivindicar la bandera,  los honores mancillados y las heridas abiertas por el ejército chileno en ese doloroso conflicto que nos enfrentó conjuntamente con Bolivia. En ese sentido, “Gloria del Pacífico” pudo convertirse en la película que mejor expresara ese sentimiento, no desde un punto de vista oficial u oficialista, sino como símbolo de dignificación y relectura histórica de un gobierno cuyas doctrinas primigenias y motivaciones de sus simpatizantes se proyectaban en ese sentido. Pero nada de eso ha sucedido, sino todo lo contrario, la película a nivel oficial se cubre con el manto del silencio culposo, como aquellos que no quieren que le recuerden eventos de su pasado que prefieren enterrar en los recuerdos.  Dicen en cambio los rumores palaciegos que la película peruana más celebrada de los últimos tiempos en las esferas del poder ha sido “Asu mare”, con todo su humor criollo, discurso arribista y "Marca Perú", lo que no deja también de ser altamente simbólico de lo que ha pasado en este país de las maravillas en estos últimos años.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Complacencia cinematográfica

por Christian Wiener F

Hace unos días, el periodista Augusto Álvarez Rodrich hacía mención en su columna diaria del Diario La República, a propósito de la desaceleración económica  y el último paquetazo económico,  de unas declaraciones de Gastón Acurio donde advertía sobre el riesgo de la complacencia por todo lo conseguido en la gastronomía peruana. 

Lo manifestado por el conocido chef no se encuentra lejos de la verdad, ya que es innegable que los éxitos y reconocimientos de la comida nacional han llevado a muchos en el sector, y fuera de él, a creer que ya todo estaba hecho y había que vivir de la fama sin preocuparse en innovar en un mercado tan competitivo e impredecible. Y lo mismo podría aplicarse según AAR a la economía, donde las cifras macroeconómicas y certificaciones de los organismos financieros internacionales hicieron a muchos confiar en una solidez inquebrantable e infinita del modelo económico, pero no contaban con que los precios internacionales de la materias primas se cayeran y las inversiones se retrajeran, para que el celebrado modelo comenzara a mostrar sus debilidades y limitaciones.


No son ciertamente los únicos casos de autocomplacencia nacional en los tiempos de la “Marca Perú”, ya que se presenta también en otros sectores, como el caso del cine. Efectivamente, de un tiempo a esta parte, y producto de varios factores como la multiplicación de estrenos peruanos a cifras antes impensables, los resonantes éxitos comerciales obtenidos por algunas cintas y la asignación, por fin, de la totalidad de los recursos presupuestales establecidos  en la Ley 26370 para los concursos de cine, han llevado a muchos a pensar que estaríamos viviendo algo así como la primavera del cine nacional, y que los problemas y angustias que históricamente afectaban a los cineastas, productores y gente allegada a la actividad, habrían milagrosamente desaparecido o cuando menos reducido.

No se puede negar que la situación actual del cine peruano es mucho mejor, y da para el optimismo, que la que se vivía hace algunos años, ya que la actividad está en franco ascenso y tiene una mayor visibilidad, tanto a nivel nacional como internacional. Pero las visiones del momento a veces nos juegan una mala pasada, y como ya nos pasó a fines de los ochenta del siglo pasado, cuando se creía inamovible el régimen legal de fomento que se había heredado del gobierno de Velasco, poco tiempo después la realidad golpeo al gremio, la liquidar el régimen fujimorista, sin anestesia, los beneficios que gozaba la producción nacional para llegar a las pantallas.

Hace no mucho parecía haber consenso en los gremios de cine sobre la precariedad de la actual ley 26370, mejorada y actualizada por la 29919, y la necesidad imperiosa de una nueva normativa, moderna e integral, acorde a las leyes existentes en otros países de la región. Para ese fin se impulsaron varios proyectos, el último de los cuales fue que elaboraron de manera conjunta durante varios meses el Ministerio de Cultura y representantes de los gremios cinematográficos. Lamentablemente, y como es conocido, ese texto fue observado por los tecnócratas del MEF y los funcionarios del Ministerio de Cultura no tuvieron mejor idea que encarpetarlo, lo que motivo una justa y airada respuesta de los cineastas en una comunicado público de mayo de este año.

Sin embargo, pasado el tiempo las cosas siguen estancadas en cuanto a las posibilidades de una nueva ley, pero los integrantes de los gremios ya no hablan de ello ni demandan por mayor explicación de la autoridad en cultura, tal vez por cansancio, pudor o vaya uno a saber qué razón. Total, si hay plata y concursos ¿para qué perder el tiempo en lo que puede ser o será? Similar actitud se presenta en el tema de la exhibición cinematográfica, donde el éxito de algunos y la posibilidad de estrenar –no importa en qué condiciones y circunstancias- parece haber abolido todo debate sobre cuota de pantalla y mínimo de mantenimiento, llevando incluso los planteamientos hasta su caricaturización. Y la proliferación de festivales y muestras en distintos lugares es también visto como signo de buena salud cultural, sin detenerse a  evaluar su continuidad, convocatoria y sobretodo impacto en la población.

Ello se da en medio de una renovada ofensiva neoliberal, que en artículos periodísticos y foros académicos insisten en la necesidad de terminar con los subsidios al cine nacional, apoyándose en los sucesos de “Asu mare” y otros films que “demostrarían” que se puede hacer cine rentable sin recursos públicos. Cabría preguntarse entonces si en el futuro más cercano, cuando el Estado ya no quiera o pueda seguir dotando de recursos (recordemos que la asignación se da vía presupuesto y no  mediante un fondo permanente), que pasara con la actual ley y si no se convertirá en papel mojado como hasta hace unos años. Recuérdese que falta poco más de un año para el cambio de gobierno, y ya se alzan voces, incluso dentro del propio ámbito de la cultura, que reclaman que los fondos asignados al cine se redistribuyan a los otros sectores artísticos, desvistiendo un santo para malvestir a otros.

Y ni que decir que en plena primavera se ha avanzado muy poco, por no decir nada,  en cuanto a cautelar los archivos cinematográficos o en la promoción de la producción extranjera en el territorio nacional, entre otras propuestas de la ley que se prometieron soluciones por caminos paralelos. El merecido homenaje y reconocimiento a cineastas, incluyendo el Premio Nacional a Lombardi, se quedarán en lo simbólico si paralelamente no se recuperan como patrimonio de la nación el conjunto de sus obras, y se difunden para las nuevas generaciones.

Un síntoma de todo lo anterior es que la reunión de la Conferencia Iberoamericana de Autoridades Cinematográficas (CACI) y el Programa IBERMEDIA, que por segunda vez en su historia se reúne en noviembre de este año en Perú (esta vez en Cusco), viene pasando casi desapercibida para el sector y sin mayor impacto mediático, desaprovechándose la oportunidad, contando con las autoridades y representantes de los organismos de cine y cultura de la región, de poner el tema de cine y su legislación en el centro de la noticia y el debate nacional, como si hizo en anteriores reuniones en Bolivia y Brasil, entre otras.

Cuidado con la complacencia, porque la función puede terminar y antes que aparezca el fin. Salvo, por supuesto, que reaccionemos a tiempo, que todavía no es tarde.      

sábado, 13 de septiembre de 2014

Pantalla a cuentagotas


por Christian Wiener Fresco

Mi amigo Fernando Vivas quiere ser irónico con el cine nacional, pero termina deslizando afirmaciones discutibles. En una reciente nota en El Comercio, a propósito de la feliz coincidencia de varias películas peruanas en la cartelera comercial, ironiza que el crecimiento de la producción nacional podría llevar a que sean las empresas de Hollywood las que terminen pidiendo una cuota de pantalla para proteger a sus blockbusters de cientos de millones de dólares. 

Sin embargo, este momento excepcional que vive la producción nacional, y en buena hora, es un espejismo que responde a una coincidencia de factores pero que nada garantiza su continuidad. Es decir, por un lado tenemos producciones financiadas por los concursos del Ministerio de Cultura en los últimos años, que llegan en diferentes ritmos a su estreno, al lado de películas realizadas con capital propio y con puntería comercial, buscando emular los éxitos que en su momento cosecharon “Asu Mare” y “Cementerio general”.  Ello ha sido posible, mal que bien, gracias a que el Estado, luego de muchos años, recién ha comenzado a cumplir con sus obligaciones de entregar todos los fondos que mandaba la ley de cine. De otro lado, las mayores facilidades económicas y de producción que brindan las nuevas tecnologías digitales, tanto para la realización como ahora la exhibición; y también, por supuesto, la envidiable respuesta comercial que tuvieron algunos títulos peruanos en los últimos años.  

¿Ese es todo el cine peruano? Ciertamente no, medir todo el cine peruano solo por el filtro de la cartelera comercial es dejar de lado una vasta e importante producción de cineastas independientes, experimentales y/o marginales, que difunden sus obras en los pocos circuitos alternativos y festivales existentes. Asimismo los cineastas regionales, algunos de los cuales han llegado a las salas de cine en su región u otros lugares, pero la gran mayoría siguen produciendo y exhibiendo en pequeños espacios y auditorios improvisados. ¡Puede decirse entonces alegremente que todo el cine peruano tiene acceso a la pantalla nacional?

Pero lo más peligroso es confundir el espejismo con la realidad, olvidando que el Perú ha sido históricamente un país con épocas de bonanza y recursos, para luego tener grandes caídas y crisis económica. ¿Qué pasará entonces con la ley y el presupuesto para los concursos? Y para los que piensen que somos ‘noicos’ con el tema, vean lo que ha sucedido en España con los subsidios para el cine en el régimen del PP.  Por eso los cineastas han buscado una nueva ley de cine que permita que la actividad viva del cine mismo, y no del presupuesto, para poder garantizar su continuidad. Pero el MEF una y otra vez se ha opuesto a esta iniciativa, y no hay signos de que vaya a cambiar de opinión en los próximos días. Es decir el tema no es solo, como dice el artículo, “aumentar premios y compartir incentivos con todos los estamentos de la industria, incluidos exhibidores y distribuidores”; sino como hacer viable una legislación con futuro, que permita una visión integral de todo el cine, no solo en lo comercial sino también en lo cultural, y asegure posibilidades iguales para todas las películas nacionales.

Por cierto que es una excelente noticia que haya bastante producción en el país, lo que da empleo y experticia a técnicos, actores y realizadores, que es la base de la creación de cualquier industria, y que se tenga una diversidad de expresiones, porque este pequeño “boom” se asienta principalmente en nuevos nombres y propuestas y no en los cuatro o cinco que antes monopolizaban la imagen del cine nacional.  También es muy saludable que poco a poco el público vaya quebrando sus prejuicios y resquemores frente a las películas nacionales, aunque ciertamente sería bueno pensar también en la ampliación del mercado al exterior, ya que el nuestro resulta insuficiente, y la coincidencia de películas como ahora, termina en la mayoría de casos restando antes que sumando espectadores. Y coincido con Fernando que una excelente salida sería la televisión, por lo que futuras normas e incentivos deberían considerar apoyos a la producción en ficción para la pantalla chica, en la medida que la mayoría de los canales han renunciado a realizarla por comodidad y tacañería.  

En lo que si discrepo con él es en su afirmación de “no estar por la cuota de pantalla, porque busca, ingenuamente, dictar el gusto del público. Y porque, además, la cantidad de estrenos permitirá a los cineastas locales negociar en mejores condiciones con las salas.  Por supuesto que tiene todo el derecho a estar de acuerdo o no con la llamada cuota de pantalla, pero no a tergiversarla, puesto que ella no busca “dictar el gusto del público” como dirían los liberales extremos, sino regular un mercado monopólico y dar oportunidades a que las cinematografías locales puedan acceder a sus pantallas. Y eso lo conoce muy bien Fernando, porque en la legislación de la radiodifusión peruana ya existen cuotas para la producción nacional del 30%, que ni siquiera todas las emisoras las cumplen (de allí el proyecto del congresista Tejada para lograr que las emisoras nacionales de rock cumplan la norma) y que en ningún caso han impuesto “un gusto al público”. En el caso del cine, por si no lo recuerda, la propuesta planteada por el proyecto de nueva ley contemplaba hasta un 20% para las cintas nacionales, lo que además ya estaba consagrado en el propio TLC con los Estados Unidos.       


Si ahora el cine peruano cubre o supera coyunturalmente ese porcentaje, enhorabuena, pero no nos dejemos engatusar por lo que los aficionados a la encuesta suelen llamar la “fotografía del momento”, y veamos mejor la película completa hasta los créditos finales.