Mostrando entradas con la etiqueta festivales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta festivales. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de abril de 2020

Como sobrevivir a la pandemia en el cine peruano

Por Christian Wiener Fresco 

La pandemia del coronavirus Covid19 que abate al planeta significa, además de millones de infectados y miles de muertes en diversos continentes, una brutal crisis de la actividad económica en todos los campos productivos y comerciales, paralizados o semiparalizados
como consecuencia de las rígidas medidas de cuarentena que casi todos los gobiernos se han visto obligados a implementar, aun a regañadientes. Dentro de los sectores fuertemente golpeados, uno de los que se encuentra en más grave situación es el cultural, por su fragilidad intrínseca, incluso en las economías más poderosas, y por requerir del favor del público, que por la naturaleza del contagio de la enfermedad a escasa distancia, va a tener que estar, hasta nuevo aviso, prohibidos de realizar espectáculos o presentaciones con cualquier aforo.

En el campo audiovisual, y especial en el cinematográfico, el mazazo recibido ha sido contundente.  Las millonarias pérdidas de Hollywood se miden no solo en las suspensiones y/o cancelaciones de decenas de estrenos programados con gran antelación, así como de rodajes y eventos conexos. Todo ello en medio de la competencia con las plataformas digitales tipos Netflix, que de hecho, con estas circunstancias, ya le ganó la partida, y tal vez estemos asistiendo al canto de cisne de la forma de espectáculo cinematográfico que dominó el siglo XX. Pero esta crisis se repite con igual ferocidad en las cinematografías europeas, asiáticas y latinoamericanas, desde las más consolidadas a través de una antigua industria, tipo Argentina, Brasil o México, y las restantes, más precarias, entre las que se encuentra la peruana.

Al cine nacional lo toma esta coyuntura en un momento muy particular, luego de la promulgación por el Ejecutivo del Decreto de urgencia de promoción de la actividad cinematográfica y audiovisual peruana, pendiente de aprobación todavía del nuevo Congreso. Esta apuntaba a la ampliación vía presupuestal de la actividad, incorporando a los productores de un cine “más comercial” con la posibilidad de poder acceder a empresas que deduzcan parte de su impuesto, y apoyada en buena parte en las coproducciones, por lo que se redujo y flexibilizó la participación de artistas y técnicos nacionales.

La furia del Covid19 por lo menos aplazó esta perspectiva, evidenciado, además de la débil   institucionalidad del sector –con gremios casi inexistentes fuera del membrete- los graves problemas de fondo de una Ley impuesta por los funcionarios del Ministerio, y donde no se quiso escuchar voces alternas. La carencia de una Cinemateca Nacional se ha notado –y como- cuando en todo el mundo los archivos fílmicos ponían a disposición de las personas en cuarentena buena parte de su material histórico disponible. Incluso instituciones de cine, como en Argentina, Colombia o México presentaron películas financiadas con dinero público, lo que no ha sucedido en el Perú con la DAFO. Si se ha visto cine peruano en las redes fue por iniciativa individual y loable de cada cineasta, o copias preexistentes en youtube u otros portales y plataformas. Esto también pudo tener impacto en los programas de educación a distancia que viene desarrollando el MINEDU, y donde los cineastas y sus instituciones, permanecen todavía ausentes, a diferencia, por ejemplo, de los teatristas.

Sin embargo, y a pesar de las objeciones que en este y otros aspectos se puede tener con la nueva norma, eso no es óbice para avalar propuestas de echar mano de los 25 millones de soles de estímulos económicos presupuestados este año para la cinematografía (en poco más de un 80%) y otros sectores culturales para paliar la crisis del sector.  Es cierto que hay una lógica y natural desesperación en muchos rubros y actividades de la cultura, que se vienen movilizando pese a su escasa organicidad, recogiendo firmas para demandar apoyo del Estado, lo que evidencia además una ineficacia del Ministerio de Cultura, no solo para salir al frente como han actuado otras carteras del gobierno, sino incluso para censar a los que forman parte activa de este campo en todo el país. Pero no se viste un santo desvistiendo a otro, y tiene que dejar de mirarse a la cultura como el patito feo oficial, que vive de las migajas del gobierno. Por lo demás, esa cantidad en gasto corriente, si la medimos en todos los posibles beneficiados, resultaría mínima, y solo para el corto plazo, cuando lo que se viene es de larga duración.

Es hora de exigir al gobierno y en especial al MEF que el sector cultura tenga un trato al mismo nivel e importancia que los otros sectores, y urgente. De lo contrario, estaríamos avalando los prejuicios que se repiten en los medios, incluso en periodistas de espectáculos. Es muy bonito aplaudir sus obras con acceso gratuito, y cantar en los balcones, mientras se les ningunea y desconoce que son personas con iguales derechos y necesidades que los demás. En contra de lo que se afirma por allí, en diversas partes del mundo se están haciendo rescates al sector, desde los Estados Unidos a Alemania, Francia, España o Reino Unido, y en América Latina, en Argentina, Colombia y Chile. En México hay ahora un fuerte debate sobre la posibilidad de recortar drásticamente los fondos cinematográficos, lo que también podría suceder en el Perú, porque ya sabemos que en nuestro país lo excepcional se vuelve permanente, en especial cuando se trata de dinero, y si este año se cede nada garantiza, ni siquiera una Ley como antes se ha demostrado, que pueda volver a contarse con ese presupuesto para el cine en el futuro. Recuérdese además que el próximo año hay elecciones, y muy posiblemente va a estar en el ojo mediático las asignaciones presupuestales, por lo que no conviene poner en riesgo los recursos que con mucho esfuerzo los cineastas han logrado obtener estos años.        

Lo que no quita que deben replantearse varios de los concursos inicialmente previstos por la DAFO para este año ante la nueva situación, por lo menos durante el período de restricciones que no sabemos hasta cuando se extenderá.  Es el caso de los concursos para festivales, asistencias a eventos, estrenos, etc. que por el momento resultan inviables, salvo que se den en la plataforma digital (varios festivales internacionales están apostando a la reconversión, entre ellos Cannes). Espacio que debiera ser priorizado ahora, como el televisivo, para ampliar la producción y difusión. Por lo demás la producción, que tiene su propio ritmo, no debe parar, tanto en Lima como las regiones, lo que tendrá un impacto no solo en los cineastas sino en otras actividades artísticas y de servicios conexos. Tal vez sería bueno replantear presupuestos y no hacer tantas convocatorias como en años pasados. Eso sí, y como viene sucediendo en otros países, para reactivar la producción y el sector es necesario apostar en este momento a los actores y técnicos peruanos, con condiciones sanitarias, económicas y de seguridad laboral justas, para que la ley beneficie a todos por igual.

Finalmente, las crisis son también oportunidades, y es momento de replantearse muchas cosas con lo que estamos viviendo, empezando por la Ley de Cine ahora que los dogmas del libre mercado que nos han dominado tantos años están en revisión. Será motivo para volver a plantearse la cuota de pantalla, ya no solo en las venidas a menos multisalas, sino en las plataformas digitales, como se viene haciendo en otras partes del continente, o el tema de no depender del siempre frágil presupuesto estatal, sino de un fondo realmente autónomo, proveniente de la propia actividad. Y finalmente contar, por fin, con la Cinemateca peruana, con mayor razón en momentos que muchas de las actividades programadas para el Bicentenario terminaran siendo canceladas o postergadas, la posibilidad de contar con un archivo audiovisual propio debiera ser un imperativo nacional.                      

jueves, 7 de noviembre de 2019

El Cine Peruano del Ministro de Cultura


Por Christian Wiener Fresco

“La nueva Ley no solamente habla de la cinemateca, sino también habla de incentivos tributarios a la industria del cine comercial.  Cosa que es la primera vez que se habla en la historia del Perú. Además, ya no se habla solo del fondo concursable para el cine de autor, sino también se habla del nuevo cine comercial peruano, que es el que está dando trabajo a tanta gente” dice el Ministro de Cultura Francesco Petrozzi en una entrevista dada a la revista Lima Gris.


El titular de la cartera, antes congresista fujimorista y después de la bancada liberal ha descubierto una nueva categoría en el cine peruano y posiblemente universal, la del “cine comercial”, para mayor señas diferenciada del “cine de autor” según el ilustrísimo funcionario. Suponemos que la primera son las películas que estarían orientadas a hacer negocio y dar dividendos económicos jugosos a sus productores, mientras los segundos, las “obras artísticas” solo a dar prestigio y premios en festivales, además de capturar los elogios de los críticos. ¿En qué categoría se ubicaría entonces, tomando como base la clasificación ministerial, una cinta como la coreana “Parasito” de Bong Joon-ho, que ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes de este año y fue un suceso arrollador de la taquilla en el estreno en su país? ¿O “Roma” del mexicano Alfonso Cuarón, que obtuvo el León de Oro del Festival de Venecia del 2018 y tuvo un rutilante éxito en su difusión internacional por Netflix? ¿Y también “Tropa de elite” de José Padilha que fue un fenómeno de público en Brasil (al punto que tuvo secuela) y se alzó con el Oso de Oro del Festival de Berlín el 2008?

Eso pasa cuando se siguen manejando conceptos trasnochados y prejuiciosos para etiquetar el cine. Se supone que todo cineasta aspira a que la mayor cantidad de público pueda ver y juzgar su obra, y que ello, con toda justicia, le genere un ingreso que le permita recuperar lo invertido y obtener una ganancia. Salvo casos especiales, y muy puntuales, nadie hace cine para restringir su visión, aunque se puede reconocer que determinados productos no sean tan fácilmente accesibles a todo tipo de público. Lo que llama “cine de autor”, supongo en referencia a la mayoría de obras premiadas por los concursos organizados por el CONACINE primero, y ahora el Ministerio de Cultura, no necesariamente son producciones de difícil acceso popular. Ahí está el ejemplo reciente de  “La revolución y la tierra” (donde el ministro tiene al inicio una participación estelar) que siendo documental ha logrado a la fecha más de 50,000 espectadores, y sin contar con las mejores condiciones de estreno en cuanto a horario y distribución de salas en Lima y todo el país.

Y es que no siempre el éxito comercial de una película depende de la intencionalidad de la misma, o de su calidad y promoción. Están los factores que rodean a su estreno, en manos de los dueños del negocio de la exhibición, desde la fecha de estreno, capacidad de difusión, números y tipos de salas, y horarios disponibles. Temas que si deberían estar presentes en el proyecto de ley de cine, como la cuota de pantalla y el mínimo de mantenimiento, pero que no son abordados ni parecen importarles al ministro y sus asesores, para no tocar los poderosos callos de las Major´s de Hollywood.

No se trata de oponerse al incremento de los recursos para la producción cinematográfica con la posibilidad de inversión económica de las empresas, vía exoneración tributaria. ¿Pero por qué dirigidas en exclusividad al  “cine comercial”? ¿Las obras de “autor” no podrían tener acceso a ellas? Que se sepa la Ley actual en cuanto a los premios no distingue entre cine comercial y de autor, o de otra índole. El único barómetro establecido, y aceptable, según la misma Ley es la calidad, que corresponde a un jurado determinarlo, con todo lo subjetivo y arbitrario que eso pueda ser. Hay sobrados ejemplos en todo el mundo de películas dirigidas al gran público que no renuncian a una exigencia de calidad y proyección internacional, como “Gilda” de Argentina, “Miss Bala” de México, “Ciudad de Dios” de Brasil o “Los 33” de Chile, por citar casos de la región.

Quiero creer que el deseo del Ministro no es fomentar la mediocridad  disfrazada de populismo, lo que sería igual de terrible si la trasladáramos al ámbito de la Ley del Libro o del fomento a la música por parte de su despacho. Lamentablemente hay que decir que buena parte de las producciones nacionales de lo que llaman “comercial” dejan bastante que desear, salvo algunas contadas y meritorias excepciones. No tanto por falta de recursos, más si por una pobre exigencia y apelación a recursos fáciles y clichés gastados. ¿Debiera ser una preocupación central del Estado la promoción de este cine?   

Por supuesto que en una industria deben caber todas las expresiones y producciones, nos gusten o no, pero en tal caso debería contemplarse otros mecanismos centrales como un fondo propio y estable, y no dependiente del siempre precario presupuesto del Estado, un mercado para el cine nacional,  y no enfeudado a la distribución norteamericana, y reconocimiento de los derechos de los trabajadores, técnicos y artistas, como parte central de la cadena productiva, y no recortados ni ninguneados como sucede con el proyecto de Ley de Cine. Por cierto, si se trata de dar trabajo a la gente, ¿Por qué no impulsar de una vez en la Ley la Film Commission, que fomenta la producción extranjera en el país, dando trabajo a los peruanos?

De otro lado, y para aclararle al Ministro, lo que se habla de Cinemateca en el proyecto de  Ley es totalmente decorativo, por decirlo de la manera más amable, y se limita a decir que el Ministerio de Cultura “cuenta con un archivo destinado a la custodia de obras cinematográficas y audiovisuales peruanas denominado ‘Cinemateca Peruana’”. No se cómo cambiar de nombre a un archivo ya existente, aunque desperdigado, constituye algo tan complejo como una Cinemateca. Lo más curioso es que el ministro no hace ninguna mención al proyecto de la Cinemateca Peruana que se viene trabajando en la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco como obra emblemática por el bicentenario. No sé si porque no lo conoce o no le interesa, pero por lo menos debería informarse de ello, o consultar con sus asesores.

Para terminar, es una lástima que no se le preguntara sobre el párrafo censor para las obras peruanas que supuestamente pudieran infringir el ordenamiento legal, incluido en el proyecto. Hubiera sido interesante saber si el ministro, como dicen, fue uno de los impulsores de su redacción, o más bien de los sorprendidos con su inclusión, que tomó nota de ese cambio a  última hora. Ello también nos serviría para dilucidar, con meridiana claridad, cual es la posición del gobierno actual al respecto de este delicado asunto, que no es poca cosa.

sábado, 13 de mayo de 2017

Acotaciones al Anteproyecto de Ley de la Cinematografía y el Audiovisual

 

por Christian Wiener Fresco

La presentación por parte del Ministerio de Cultura del nuevo Anteproyecto de Ley de la Cinematografía y el Audiovisual elaborado por la DAFO con la participación de representantes de los gremios ha reavivado un poco la disposición al intercambio de pareces y debate tan necesarios en la comunidad cinematográfica. Reavivamiento sin embargo todavía precario y circunscrito, como si el tiempo y las urgencias del día a día hubieran adormecido los reflejos para el dialogo democrático en buena parte de la comunidad cinematográfica nacional, tan necesarios en un tema como la nueva ley que se propone regir al sector en los futuros años. Pero cometeríamos un grave error, que terminaría aislando a los cineastas como en otras oportunidades, pensar que esta ley debe ser solo tema de ellos y que el resto de la sociedad debiera ser excluida, ya que el cine, y el audiovisual por añadidura, es un tema de todos, que nos compromete como sociedad, y que encima legisla sobre fondos públicos, es decir del conjunto de los peruanos.

Por esta razón, la fecha establecida por el Ministerio para recoger opiniones sobre el Anteproyecto, que se venció ayer, no debería ser vista como cancelación de un debate apenas esbozado, sino más bien oportunidad para desarrollarlo y ampliarlo, involucrando a los gremios, empresas y universidades, entre otras instituciones, en su implementación. Ya el Ministerio ha anunciado para este miércoles 17 de mayo una reunión para debatir sobre la situación laboral de los artistas y técnicos del audiovisual, tema que compete no solo a la Ley de Artista, Interprete y Compositores; sino a la del Cine y el Audiovisual como se ha señalado en algunas de las notas publicadas en estos días. ¿No se podría hacer lo mismo para discutir, cuando menos, algunos puntos centrales de la Ley que han sido señalados, como las características y manejo del fondo; la cuota de pantalla y el acceso a las pantallas tradicionales y nuevas; y lo referente a la promoción cultural que incluye tanto la creación de la Cinemateca, el apoyo a los circuitos y difusión alternativa, y la formación cinematográfica? En todo caso, la pelota está en la cancha del Ministerio y los gremios que han venido trabajando este texto en los últimos meses.

Dicho lo anterior, quisiera hacer algunas breves acotaciones a algunos aspectos del Anteproyecto que no tuve oportunidad de mencionar antes, y tampoco encuentro en los textos publicados que resumo al final de esta nota. El problema parte porque el documento presentado es tan genérico en muchos aspectos, dejando casi todo al reglamento, que se podría aplicar gran parte del mismo en diferentes sentidos. Y no siempre los que redactan el reglamento final, que a fin de cuentas son funcionarios y abogados, terminan respetando el espíritu e intenciones de los legisladores originales. Ahí está el caso, para poner un ejemplo cercano, de la Ley del Libro del 2003. Creo por eso necesario ser más preciso y puntual en algunas disposiciones claves, aun a riesgo de parecer detallista, así como incluir el imprescindible glosario que aclare los términos que se usan a lo largo de todos los articulados, para que se sepa con claridad a que se refieren y cuál es el alcance de cada concepto, lo que para fines legales es fundamental.

Es el caso, en el propio título de la ley, que se habla no solo de cinematografía, sino del audiovisual en su conjunto ¿Y esto que abarca? ¿Se considera también a la televisión, no solo del Estado sino comercial? Lo lógico sería que sí, porque no se puede hablar de audiovisual en este país sin tomarla en consideración, más aún ad portas de los cambios que vendrán con la televisión digital, que nuestro país parece mirar por el costado ¿Qué se contempla al respecto? ¿Los concursos que convocará el fondo incluirán también producciones de ficción y documentales que se hagan para ser transmitidos por los canales comerciales y públicos? No es una idea descabellada, ya se hace en Brasil, Chile, Colombia y Argentina, que han avanzado mucho más en este terreno. ¿Y el derecho a exhibición planteado en el artículo 19 no debería extenderse a esta pantalla? Asimismo, ¿cómo encarar el desafío de las nuevas plataformas de distribución VOD o streaming como Netflix? La mención en el artículo 24 es muy pobre y vaga, y parece cumplir solo con hacer acto de presencia en un tema tan complejo y polémico.

En cuanto al fomento a la descentralización de la actividad cinematográfica y audiovisual, en el artículo 8 se menciona que no menos de un 30% del fondo se destinará a la regiones, lo que me parece muy bien, pero sin precisar cómo se llevara a cabo un tarea tan delicada donde debe evitarse tanto la tentación paternalista como ambigua en su aplicación, que se puede prestar –como ha sucedido recientemente- que lejos de impulsar al cine regional se premie la viveza de filmar fuera de Lima. En muchas zonas las dificultades para la difusión son más graves que en la capital, por lo que sería bueno estimular acuerdos con los gobiernos regionales y municipales para impulsar la creación de circuitos alternativos de distribución y exhibición que permitan presentar sus producciones, así como gran parte del cine cultural que no llega por la vía comercial. Esto debería alcanzar a los canales de televisión regionales, en especial a los de carácter comunitario, que es una categoría que debería incluirse en la Ley como sucede con las leyes de cine y medios en Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile o Ecuador.

Sobre el fomento del cine cultural, no quiero abundar en la necesidad imperiosa de una Cinemateca Nacional reclamada por muchos, no solo por la urgente labor de recuperación y conservación de nuestro patrimonio pasado y presente, sino para convertirse en un dinamizador para la investigación y difusión del cine cultural en el país. Asimismo, en lo que respecta a la creación de una escuela de formación cinematográfica, asunto frente al cual era un poco escéptico al considerar la situación en que se encuentran nuestras escuelas artísticas desde hace años, pero que no por eso debiera seguir postergándose, teniendo en cuenta que las nuevas tecnologías permiten una práctica más accesible que antaño.

Preocupa sin embargo que se haya omitido en todo el texto la mención a festivales y muestras cinematográficas, que se convirtieron en importantes espacios internacionales y nacionales para la difusión del cine que no llega a las salas, entre el que se encuentra en gran parte el peruano. Cuando menos pudo haberse incluido en el artículo 22 que habla del fomento a las salas de arte y ensayo, cine clubes y “cinematecas” (como si tuviéramos muchas). Coincido al respecto con Eduardo Quispe que la gestión cultural no debiera ser sometida a concursos como en el presente, porque es una actividad continua y no única, que es el caso de la producción, dotándose más bien de recursos estables y homogéneos para todas las iniciativas consolidadas, sujeto a la fiscalización del Ministerio como se señala en el mencionado artículo. Por último, y para cerrar este punto ¿no podrían las salas de arte y ensayo, cineclubes, cinematecas, festivales y muestras de cine culturales gozar de la exoneración del IGV como tiene el teatro? Sería una manera efectiva y concreta de promover desde el Estado estas actividades culturales.

La actual Ley de Cine, la 26370, tiene como uno de sus objetivos el “promover en el programa de educación secundaria la enseñanza del lenguaje cinematográfico y su apreciación crítica, promoviendo, asimismo, la utilización del cine y el video como medios docentes.” (Artículo 2, inciso d). Es cierto que esta disposición nunca se llegó a implementar, así como la referida al tema de la preservación del patrimonio audiovisual y el “establecimiento de filmotecas” por múltiples motivos que van desde la falta de presupuesto hasta el desconocimiento, desinterés o prejuicio de las más altas autoridades gubernamentales en la expresión audiovisual. Pero eso no quiere decir que fuera equivocada o innecesaria. Todo lo contrario, si algo nos ha revelado estos últimos años de debacle de la educación en el país es que si es clamorosa la deficiencia en la lectura y su comprensión por niños y jóvenes, no menos inquietante es lo que se refiere al manejo del lenguaje y la semántica cinematográfica, lo que les impide poder apreciar mensajes y propuestas exigentes que estén más allá del discurso convencional y efectista del cine y los productos audiovisuales comerciales. En vez de abandonar este propósito, debería retomarse y hacerse realidad de forma concreta y decidida con el sector educación, pues es inaudito que en pleno siglo XXI nuestra escuela (en especial la pública, porque algunas privadas si lo impulsan) siga siendo ajena al lenguaje de mayor consumo en los jóvenes, dejando en la práctica a la llamada televisión basura y el cine más abyecto a nivel comercial, como las indeseables madrastras en la materia. De otra manera, será imposible lograr que el público mayoritario del futuro pueda interesarse por nuestra producción y la extranjera más diversa y creativa. Esta tarea debe ser complementada con una efectiva política de formación de públicos en barrios, organizaciones y comunidades, llevando el cine a la gente de a pie, como se estila en varios países de la región con mucho éxito.

Estas son algunas ideas que esbozo para añadir al necesario debate sobre la Ley de cine que nos merecemos como país, que mencionaba al principio, y que nos debería involucrar a todos como sociedad, no solo a cineastas, críticos o allegados al sector. Creo que nadie postula echar por la borda, ni retroceder sobre lo avanzado. Quienes hemos comentado con nuestros nombres tenemos el mejor espíritu de contribuir desde nuestras particulares experiencias y conocimientos a que tengamos la mejor legislación posible. Espero que en ese sentido sea apreciado este esfuerzo de sistematización y propuestas para que el cine y audiovisual peruano pueda ser cada vez mejor en todo sentido.
___________________________________________________________________________________

Una pequeña guía de lo publicado (y conocido) en redes, medios y blogs sobre el Anteproyecto de Ley del Cine y el Audiovisual:

1) http://blogdelchw.blogspot.pe/…/que-ley-de-cine-y-para-que.…
2) http://blog.desistfilm.com/…/aportes-al-anteproyecto-de-la…/
3) https://www.facebook.com/francisco.adrianzenmerino/posts/420744558292989
4) http://proyectilimaz.blogspot.pe/…/aportes-la-nueva-ley-de-…
5) https://www.facebook.com/francisco.adrianzenmerino/posts/420280765006035
6) http://www.paginasdeldiariodesatan.com/pdds/?p=4002
7) https://www.facebook.com/francisco.adrianzenmerino/posts/419763601724418
8) http://elcomercio.pe/…/nueva-ley-cine-luis-llosa-urquidi-no…
 

También sobre la cuota de pantalla, el mínimo de mantenimiento y la distribución y exhibición comercial del cine peruano:
9) http://elcomercio.pe/…/cartelera-cine-fondo-pantalla-notici…
 

Y el Anteproyecto de Ley de la Cinematografía y el Audiovisual del Ministerio de Cultura:
10) http://dafo.cultura.pe/discusion-publica-sobre-el-anteproy…/

domingo, 9 de noviembre de 2014

Complacencia cinematográfica

por Christian Wiener F

Hace unos días, el periodista Augusto Álvarez Rodrich hacía mención en su columna diaria del Diario La República, a propósito de la desaceleración económica  y el último paquetazo económico,  de unas declaraciones de Gastón Acurio donde advertía sobre el riesgo de la complacencia por todo lo conseguido en la gastronomía peruana. 

Lo manifestado por el conocido chef no se encuentra lejos de la verdad, ya que es innegable que los éxitos y reconocimientos de la comida nacional han llevado a muchos en el sector, y fuera de él, a creer que ya todo estaba hecho y había que vivir de la fama sin preocuparse en innovar en un mercado tan competitivo e impredecible. Y lo mismo podría aplicarse según AAR a la economía, donde las cifras macroeconómicas y certificaciones de los organismos financieros internacionales hicieron a muchos confiar en una solidez inquebrantable e infinita del modelo económico, pero no contaban con que los precios internacionales de la materias primas se cayeran y las inversiones se retrajeran, para que el celebrado modelo comenzara a mostrar sus debilidades y limitaciones.


No son ciertamente los únicos casos de autocomplacencia nacional en los tiempos de la “Marca Perú”, ya que se presenta también en otros sectores, como el caso del cine. Efectivamente, de un tiempo a esta parte, y producto de varios factores como la multiplicación de estrenos peruanos a cifras antes impensables, los resonantes éxitos comerciales obtenidos por algunas cintas y la asignación, por fin, de la totalidad de los recursos presupuestales establecidos  en la Ley 26370 para los concursos de cine, han llevado a muchos a pensar que estaríamos viviendo algo así como la primavera del cine nacional, y que los problemas y angustias que históricamente afectaban a los cineastas, productores y gente allegada a la actividad, habrían milagrosamente desaparecido o cuando menos reducido.

No se puede negar que la situación actual del cine peruano es mucho mejor, y da para el optimismo, que la que se vivía hace algunos años, ya que la actividad está en franco ascenso y tiene una mayor visibilidad, tanto a nivel nacional como internacional. Pero las visiones del momento a veces nos juegan una mala pasada, y como ya nos pasó a fines de los ochenta del siglo pasado, cuando se creía inamovible el régimen legal de fomento que se había heredado del gobierno de Velasco, poco tiempo después la realidad golpeo al gremio, la liquidar el régimen fujimorista, sin anestesia, los beneficios que gozaba la producción nacional para llegar a las pantallas.

Hace no mucho parecía haber consenso en los gremios de cine sobre la precariedad de la actual ley 26370, mejorada y actualizada por la 29919, y la necesidad imperiosa de una nueva normativa, moderna e integral, acorde a las leyes existentes en otros países de la región. Para ese fin se impulsaron varios proyectos, el último de los cuales fue que elaboraron de manera conjunta durante varios meses el Ministerio de Cultura y representantes de los gremios cinematográficos. Lamentablemente, y como es conocido, ese texto fue observado por los tecnócratas del MEF y los funcionarios del Ministerio de Cultura no tuvieron mejor idea que encarpetarlo, lo que motivo una justa y airada respuesta de los cineastas en una comunicado público de mayo de este año.

Sin embargo, pasado el tiempo las cosas siguen estancadas en cuanto a las posibilidades de una nueva ley, pero los integrantes de los gremios ya no hablan de ello ni demandan por mayor explicación de la autoridad en cultura, tal vez por cansancio, pudor o vaya uno a saber qué razón. Total, si hay plata y concursos ¿para qué perder el tiempo en lo que puede ser o será? Similar actitud se presenta en el tema de la exhibición cinematográfica, donde el éxito de algunos y la posibilidad de estrenar –no importa en qué condiciones y circunstancias- parece haber abolido todo debate sobre cuota de pantalla y mínimo de mantenimiento, llevando incluso los planteamientos hasta su caricaturización. Y la proliferación de festivales y muestras en distintos lugares es también visto como signo de buena salud cultural, sin detenerse a  evaluar su continuidad, convocatoria y sobretodo impacto en la población.

Ello se da en medio de una renovada ofensiva neoliberal, que en artículos periodísticos y foros académicos insisten en la necesidad de terminar con los subsidios al cine nacional, apoyándose en los sucesos de “Asu mare” y otros films que “demostrarían” que se puede hacer cine rentable sin recursos públicos. Cabría preguntarse entonces si en el futuro más cercano, cuando el Estado ya no quiera o pueda seguir dotando de recursos (recordemos que la asignación se da vía presupuesto y no  mediante un fondo permanente), que pasara con la actual ley y si no se convertirá en papel mojado como hasta hace unos años. Recuérdese que falta poco más de un año para el cambio de gobierno, y ya se alzan voces, incluso dentro del propio ámbito de la cultura, que reclaman que los fondos asignados al cine se redistribuyan a los otros sectores artísticos, desvistiendo un santo para malvestir a otros.

Y ni que decir que en plena primavera se ha avanzado muy poco, por no decir nada,  en cuanto a cautelar los archivos cinematográficos o en la promoción de la producción extranjera en el territorio nacional, entre otras propuestas de la ley que se prometieron soluciones por caminos paralelos. El merecido homenaje y reconocimiento a cineastas, incluyendo el Premio Nacional a Lombardi, se quedarán en lo simbólico si paralelamente no se recuperan como patrimonio de la nación el conjunto de sus obras, y se difunden para las nuevas generaciones.

Un síntoma de todo lo anterior es que la reunión de la Conferencia Iberoamericana de Autoridades Cinematográficas (CACI) y el Programa IBERMEDIA, que por segunda vez en su historia se reúne en noviembre de este año en Perú (esta vez en Cusco), viene pasando casi desapercibida para el sector y sin mayor impacto mediático, desaprovechándose la oportunidad, contando con las autoridades y representantes de los organismos de cine y cultura de la región, de poner el tema de cine y su legislación en el centro de la noticia y el debate nacional, como si hizo en anteriores reuniones en Bolivia y Brasil, entre otras.

Cuidado con la complacencia, porque la función puede terminar y antes que aparezca el fin. Salvo, por supuesto, que reaccionemos a tiempo, que todavía no es tarde.      

martes, 13 de agosto de 2013

No uno sino muchos festivales

Por Christian Wiener Fresco

Desde el viernes 9 y hasta el sábado 17 de agosto, la atención de los cineastas, críticos, cinéfilos, cinemeros, curiosos y snobs de Lima y balnearios se traslada al Festival de Cine Latinoamericano que desde hace 17 años viene organizando el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

 Este año se presentan 272 películas de 42 países en diferentes categorías y secciones. La principal es la competencia oficial, tanto de ficción como documental, donde los jurados respectivos reconocerán a las mejores obras de este continente seleccionadas. Por Perú compiten en ficción “El evangelio de lacarne” de Eduardo Mendoza, “Rocanrol 68” de Gonzalo Benavente y “Viaje a Tombuctú” de Roxanna Díaz; estas dos últimas, operas primas. En documental figuran “Sigo siendo (Kachkarinaqmi)” de Javier Corcuera; “Retrato peruano del Perú” de Carlos Sánchez y Sofía Velásquez y “La huellas del sendero” del español Luis Cintora.

Fuera de competencia se podrá ver también otros dos documentales nacionales: “Nadie especial”, de Juan Alejandro Ramírez; y “Responso para un abrazo”, de Nora de Izcue.

Las secciones paralelas incluyen panorama del cine latinoamericano contemporáneo, selección de la semana de la crítica de Cannes, un ciclo de cine portugués y retrospectivas de la actriz y directora francesa Sandrine Bonnaire y al reconocido cineasta serbio Goran Paskaljevic. Mención aparte será la presentación de  “Buenos Aires, Verano 1912” (1966), del argentino radicado en el Perú Oscar Kantor, y “Miradas múltiples, La Máquina Loca” (2012) tributo que hace el mejicano Emilio Maillé al gran maestro de la fotografía cinematográfica azteca, Gabriel Figueroa. 

Este año, además, se inaugurará una pequeña muestra con tres cintas del llamado cine independiente norteamericano, y una gira ambulante de documentales, con títulos de Canadá, Estados Unidos, Francia y Méjico.

Finalmente los homenajeados, entre los que se encuentra el realizador norteamericano Alexander Payne (“Entre copas”, “Los descendientes”), la brasileña Gloria Pires, más conocida por su trayectoria en las telenovelas de la red O’Globo, y nuestra gran señora del teatro y la pantalla, la entrañable Elide Brero.


Y es que el Festival de Lima, con todo lo mediático y reconocido que es, ya no puede seguir considerándose el único de cine en la capital porque ahí están también el Festival Internacional de Cine Lima Independiente, que este año contó con la presencia de un ganador de la Palma de Oro de Cannes, el tailandés Apichatpong Weerasethakul. También el Festival Internacional de Cine Digital (FIACID), TRASCINEMA, dedicado al cine de no ficción, Al Este de Lima, con obras de la Europa oriental, OUTFEST, del cine LGBT, y un novísimo Censurados Film Festival. Y en el interior del país encontramos al Festival Internacional de Cortometrajes, FENACO, que antes se realizaba en Cusco y ahora en Lambayeque, y el INKAFEST en Ancash, especializado en cine y andinismo; entre otros.

El surgimiento de estos festivales se debe a que en los últimos años la oferta cinematográfica se ha diversificado en la ficción, el documental y la animación, el acceso se facilita con las nuevas tecnologías del video y el cine digital, y se cuenta cada vez con mayor público especializado y abierto a propuestas experimentales y audaces de todos los ámbitos del planeta. Más que disputarle el espacio habitual de cine latinoamericano que cubre el Festival de Lima, han ampliado el espectro cinematográfico a otros horizontes y posibilidades, con lo que los grandes beneficiarios son el público realmente interesado en cine (y no posero) que asistió a sus funciones.

¿Habría admitido el Festival de Lima en su competencia oficial a “El espacio entre las cosas”, el exigente segundo largometraje del peruano Raúl del Busto? El filme fue estrenado en el Festival de Cine Independiente, donde obtuvo buenas críticas y una mención honrosa. Pero quien sí parece que se equivocó de festival fue el cusqueño José Huamán, que presentó para la categoría de documentales del Festival de Lima su trabajo “Inkarri: 500 años de resistencia del Espíritu Inca en el Perú”, pero no fue considerado por el equipo seleccionador.


Por eso y muchas razones más, es importante y necesaria la competencia y diversidad en este campo, para que todos los festivales, antiguos y nuevos, grandes y pequeños, se mantengan, crezcan y mejoren cada año para satisfacción del público, que más allá de los egos de sus organizadores, son su principal razón de ser.