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domingo, 19 de abril de 2020

Como sobrevivir a la pandemia en el cine peruano

Por Christian Wiener Fresco 

La pandemia del coronavirus Covid19 que abate al planeta significa, además de millones de infectados y miles de muertes en diversos continentes, una brutal crisis de la actividad económica en todos los campos productivos y comerciales, paralizados o semiparalizados
como consecuencia de las rígidas medidas de cuarentena que casi todos los gobiernos se han visto obligados a implementar, aun a regañadientes. Dentro de los sectores fuertemente golpeados, uno de los que se encuentra en más grave situación es el cultural, por su fragilidad intrínseca, incluso en las economías más poderosas, y por requerir del favor del público, que por la naturaleza del contagio de la enfermedad a escasa distancia, va a tener que estar, hasta nuevo aviso, prohibidos de realizar espectáculos o presentaciones con cualquier aforo.

En el campo audiovisual, y especial en el cinematográfico, el mazazo recibido ha sido contundente.  Las millonarias pérdidas de Hollywood se miden no solo en las suspensiones y/o cancelaciones de decenas de estrenos programados con gran antelación, así como de rodajes y eventos conexos. Todo ello en medio de la competencia con las plataformas digitales tipos Netflix, que de hecho, con estas circunstancias, ya le ganó la partida, y tal vez estemos asistiendo al canto de cisne de la forma de espectáculo cinematográfico que dominó el siglo XX. Pero esta crisis se repite con igual ferocidad en las cinematografías europeas, asiáticas y latinoamericanas, desde las más consolidadas a través de una antigua industria, tipo Argentina, Brasil o México, y las restantes, más precarias, entre las que se encuentra la peruana.

Al cine nacional lo toma esta coyuntura en un momento muy particular, luego de la promulgación por el Ejecutivo del Decreto de urgencia de promoción de la actividad cinematográfica y audiovisual peruana, pendiente de aprobación todavía del nuevo Congreso. Esta apuntaba a la ampliación vía presupuestal de la actividad, incorporando a los productores de un cine “más comercial” con la posibilidad de poder acceder a empresas que deduzcan parte de su impuesto, y apoyada en buena parte en las coproducciones, por lo que se redujo y flexibilizó la participación de artistas y técnicos nacionales.

La furia del Covid19 por lo menos aplazó esta perspectiva, evidenciado, además de la débil   institucionalidad del sector –con gremios casi inexistentes fuera del membrete- los graves problemas de fondo de una Ley impuesta por los funcionarios del Ministerio, y donde no se quiso escuchar voces alternas. La carencia de una Cinemateca Nacional se ha notado –y como- cuando en todo el mundo los archivos fílmicos ponían a disposición de las personas en cuarentena buena parte de su material histórico disponible. Incluso instituciones de cine, como en Argentina, Colombia o México presentaron películas financiadas con dinero público, lo que no ha sucedido en el Perú con la DAFO. Si se ha visto cine peruano en las redes fue por iniciativa individual y loable de cada cineasta, o copias preexistentes en youtube u otros portales y plataformas. Esto también pudo tener impacto en los programas de educación a distancia que viene desarrollando el MINEDU, y donde los cineastas y sus instituciones, permanecen todavía ausentes, a diferencia, por ejemplo, de los teatristas.

Sin embargo, y a pesar de las objeciones que en este y otros aspectos se puede tener con la nueva norma, eso no es óbice para avalar propuestas de echar mano de los 25 millones de soles de estímulos económicos presupuestados este año para la cinematografía (en poco más de un 80%) y otros sectores culturales para paliar la crisis del sector.  Es cierto que hay una lógica y natural desesperación en muchos rubros y actividades de la cultura, que se vienen movilizando pese a su escasa organicidad, recogiendo firmas para demandar apoyo del Estado, lo que evidencia además una ineficacia del Ministerio de Cultura, no solo para salir al frente como han actuado otras carteras del gobierno, sino incluso para censar a los que forman parte activa de este campo en todo el país. Pero no se viste un santo desvistiendo a otro, y tiene que dejar de mirarse a la cultura como el patito feo oficial, que vive de las migajas del gobierno. Por lo demás, esa cantidad en gasto corriente, si la medimos en todos los posibles beneficiados, resultaría mínima, y solo para el corto plazo, cuando lo que se viene es de larga duración.

Es hora de exigir al gobierno y en especial al MEF que el sector cultura tenga un trato al mismo nivel e importancia que los otros sectores, y urgente. De lo contrario, estaríamos avalando los prejuicios que se repiten en los medios, incluso en periodistas de espectáculos. Es muy bonito aplaudir sus obras con acceso gratuito, y cantar en los balcones, mientras se les ningunea y desconoce que son personas con iguales derechos y necesidades que los demás. En contra de lo que se afirma por allí, en diversas partes del mundo se están haciendo rescates al sector, desde los Estados Unidos a Alemania, Francia, España o Reino Unido, y en América Latina, en Argentina, Colombia y Chile. En México hay ahora un fuerte debate sobre la posibilidad de recortar drásticamente los fondos cinematográficos, lo que también podría suceder en el Perú, porque ya sabemos que en nuestro país lo excepcional se vuelve permanente, en especial cuando se trata de dinero, y si este año se cede nada garantiza, ni siquiera una Ley como antes se ha demostrado, que pueda volver a contarse con ese presupuesto para el cine en el futuro. Recuérdese además que el próximo año hay elecciones, y muy posiblemente va a estar en el ojo mediático las asignaciones presupuestales, por lo que no conviene poner en riesgo los recursos que con mucho esfuerzo los cineastas han logrado obtener estos años.        

Lo que no quita que deben replantearse varios de los concursos inicialmente previstos por la DAFO para este año ante la nueva situación, por lo menos durante el período de restricciones que no sabemos hasta cuando se extenderá.  Es el caso de los concursos para festivales, asistencias a eventos, estrenos, etc. que por el momento resultan inviables, salvo que se den en la plataforma digital (varios festivales internacionales están apostando a la reconversión, entre ellos Cannes). Espacio que debiera ser priorizado ahora, como el televisivo, para ampliar la producción y difusión. Por lo demás la producción, que tiene su propio ritmo, no debe parar, tanto en Lima como las regiones, lo que tendrá un impacto no solo en los cineastas sino en otras actividades artísticas y de servicios conexos. Tal vez sería bueno replantear presupuestos y no hacer tantas convocatorias como en años pasados. Eso sí, y como viene sucediendo en otros países, para reactivar la producción y el sector es necesario apostar en este momento a los actores y técnicos peruanos, con condiciones sanitarias, económicas y de seguridad laboral justas, para que la ley beneficie a todos por igual.

Finalmente, las crisis son también oportunidades, y es momento de replantearse muchas cosas con lo que estamos viviendo, empezando por la Ley de Cine ahora que los dogmas del libre mercado que nos han dominado tantos años están en revisión. Será motivo para volver a plantearse la cuota de pantalla, ya no solo en las venidas a menos multisalas, sino en las plataformas digitales, como se viene haciendo en otras partes del continente, o el tema de no depender del siempre frágil presupuesto estatal, sino de un fondo realmente autónomo, proveniente de la propia actividad. Y finalmente contar, por fin, con la Cinemateca peruana, con mayor razón en momentos que muchas de las actividades programadas para el Bicentenario terminaran siendo canceladas o postergadas, la posibilidad de contar con un archivo audiovisual propio debiera ser un imperativo nacional.                      

domingo, 8 de marzo de 2020

El limbo del cine peruano

Por Christian Wiener Fresco 

En las últimas semanas toda la discusión sobre el cine peruano se ha limitado al posible ingreso de la trasnacional Netflix para producir en el Perú. Por supuesto que es muy importante que se abran nuevos espacios para la producción y difusión del cine nacional, pero también sería muy ingenuo suponer que estas nuevas plataformas digitales de video por demanda van a solucionar los problemas e insuficiencias del cine nacional que llevaron a que en diciembre del año pasado se emitiera un Decreto de Urgencia como corolario a la salida del ministro Francesco Petrozzi en Cultura.

Sin embargo esta mueva ley no estaba tan alejada del ingreso de Netflix y otras empresas de ese rubro en el país, en especial si revisamos lo relacionado a los nuevos requisitos que se demandan para calificar una obra como peruana, dónde no solo se reduce la cuota de trabajadores artísticos y técnicos, del mínimo de 80% establecido en la Ley 26370 a un genérico “mayoritariamente de equipo de personas de nacionalidad peruana y/o extranjeros que residan en el país”, sino que se ha eliminado toda mención al porcentaje en el monto de las remuneraciones para el personal nacional, en relación a los extranjeros. Reducción de mínimos derechos para los trabajadores peruanos que contemplaba la Ley dada incluso en los tiempos de Fujimori, para facilitar la deslocalización, el aprovechamiento de los productores con más poder económico y la perpetuación del viejo clásico del cholo barato para el mercado internacional.

Otro punto que parecía pensado para este nuevo espacio es el régimen de incentivos fiscales para la promoción cinematográfica enunciado en el capítulo III del Decreto de Urgencia N° 022-2019, que según el propio ministro Petrozzi iba a permitir apoyar el cine comercial. Sin embargo resultó al final bastante limitado, al restringirse a donaciones de asociaciones sin fines de lucro (que podrán deducir hasta el 10% como gasto para la determinación del impuesto a la renta). Lo curioso es que según el mismo decreto esta ayuda solo podría comprender “fines culturales”, faltando todavía que el Ministerio de Cultura defina en un próximo Decreto Supremo que entiende y cuáles son los alcances del mismo.   

A todo esto ¿en qué situación se encuentra el DU 022-2019, también conocido como Decreto Petrozzi de promoción de la actividad cinematográfica y audiovisual peruana? Al parecer se encuentra en una especie de limbo jurídico, luego que fue promulgado fuera de la competencia parlamentaria. Por de pronto, la Comisión Permanente del Congreso, que se instaló luego de la disolución, aprobó por mayoría a fines de enero de este año un informe donde pide observar por inconstitucional dicho decreto. Al margen de la opinión que tengamos de los ahora ex congresistas, lo cierto es que sus observaciones no apuntaban tanto al fondo del tema sino a la forma de procesarla, y ya sabemos que en materia legal eso es muy importante.

Ellos señalaron que esta norma no cumplía con los criterios de excepcionalidad y necesidad  establecidos para un Decreto de Urgencia, es decir que no había ninguna urgencia real que lo motivara, lo que se desprende de una lectura desapasionada de los considerandos del Decreto sobre la situación del cine nacional. Además, contradicciones entre el MEF y la SUNAT sobre aspectos tributarios de la Ley, también contribuye a la confusión gubernamental. Por cierto que la opinión de estos señores es regresar al proyecto que se quedó pendiente de segunda votación en el fenecido Congreso, y que incluía una clausula censora como lo advertimos en su oportunidad, lo que expresa un juego sucio, porque ellos mismos fueron los que se opusieron a que se tema se resolviera en su momento.

Mientras tanto desde el Ministerio de Cultura aseguran que todo es normal, y que el decreto de fin del año pasado esta plenamente vigente, y en vías de su reglamentación. No obstante, a pesar que el propio DU dice en su disposición complementaria final número nueve que entra en vigencia a partir de su publicación, lo cierto es que todo parece seguir igual que antes. Es el caso, por ejemplo, de la exhibición comercial, que según el artículo 19 del DU debería formalizarse  mediante documento contractual, lo que no se ha cumplido, perpetuándose las dificultades del cine peruano no abiertamente comercial para acceder, y mantenerse en la exhibición comercial, ya que la sola suscripción de contratos desiguales entre exhibidores y productores-distribuidores, aun si se realizarán, está lejos de resolver. Otro de los varios asuntos por resolver es la confusa creación de una “Cinemateca Peruana” sobre los archivos del Ministerio de Cultura, fruto de las idas y vueltas e indefiniciones de los funcionarios al respecto, que sigue todavía por aclararse en referencia al material en custodia en la Filmoteca PUCP, y lo que es más importante, el proyecto de Cinemateca Peruana en el Cusco, considerado emblemático para las celebraciones del bicentenario.

Lo único claro es que los nuevos congresistas tendrán que tomar el toro por las astas y dar la última palabra, si quieren marcar la diferencia. Lo recomendable es que desechen las soluciones extremas y fáciles, como encarpetar el decreto o aprobarlo tal cual, y empujen más bien la dación de una verdadera ley de cine amplia e integral, que apoye a todos los sectores y actores de la actividad, incluyendo a los trabajadores así como el cultural y el respeto del patrimonio audiovisual, con la participación democrática de todas las voces y sectores (y no solo de los funcionarios del Ministerio de Cultura). Sí, hay urgencia para apoyar nuestro cine, pero no solo en función de los intereses y necesidades de unos cuantos, sino de todos, para quienes se hacen y preservan las películas, en otras palabras el público peruano y porque no, también mundial.