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viernes, 4 de mayo de 2018

Cinemateca Nacional y burocracia

CINEMATECA NACIONAL: ¿Y DONDE ESTÁ EL INFORME ACERCA DE NUESTRO ACERVO AUDIOVISUAL ?

El primero de setiembre del año pasado, 2017, el entonces ministro de Cultura Salvador del Solar rubricó la Resolución Ministerial Nº 313-2017-MC que creaba el “Grupo de Trabajo Sectorial, de naturaleza temporal, con el objeto de efectuar un análisis situacional del acervo audiovisual nacional y formular recomendaciones para la elaboración de una política de conservación, preservación y difusión del mismo”.


En la misma Resolución se señalaba que el “Grupo de Trabajo Sectorial” tenía un plazo de seis meses para producir un informe que diera cuenta de sus resultados y actos. “El plazo de vigencia del Grupo de Trabajo será de seis (6) meses desde la emisión de la presente resolución.”

No es casualidad la creación de este Grupo de Trabajo Sectorial. Después de todo, no surgía de una inspiración iluminada y aparentemente tampoco de una decisión planificada: era mas bien una respuesta a una continua manifestación de descontento de parte del gremio cinematográfico ante la negativa manifiesta del Ministerio de Cultura de al menos iniciar las gestiones para crear una Cinemateca Nacional.

La creación del Grupo de Trabajo Sectorial, en el mejor estilo de manejo burocrático de un problema, le permitía al Ministerio “patear hacia adelante el problema” y acallar momentáneamente las críticas cada vez mas numerosas de los cineastas que de diferentes formas solicitaban que el Estado asuma una de sus funciones principales en el campo de la cultura: la defensa y preservación de nuestro patrimonio.

Estábamos así frente a una nueva maniobra que buscaba dilatar aún más un afán de solucionar una
necesidad fundamental de cualquier cinematografía que se precie de medianamente desarrollada. Las razones probablemente nunca las llegaremos a comprender ya que en este caso la entidad que debiera de ser la más preocupada de presentar propuestas las tiene bien guardadas.

Recapitulemos: Primero fue la teoría de las tres leyes (una ley de cine, una Ley de Cinemateca y otra de Film Comission). Segundo fue que no se incluía dentro del Anteproyecto de la Ley General de Cinematografía por que iba tener una ley aparte debido a las complicaciones burocráticas existentes para crearla. Tercero, se nos dijo que la creación era muy compleja por que implicaba ponerse de acuerdo con el Archivo General de la nación, IRTP y la Biblioteca Nacional, como si estas instituciones quedaran en Marte u alguna otra galaxia más lejana y no tuvieran directa vinculación con el Ministerio de Cultura. Cuarto al no existir más argumentos se busco la “solución” del Grupo de Trabajo Sectorial, recurriendo al tiempo y el olvido como santo remedio.

Como es sabido, de no mediar una adecuada conservación, las películas tienen un deterioro físico-químico manifiesto. El paso del tiempo, las condiciones de almacenamiento, el clima, principalmente la temperatura y la humedad, juegan muy desfavorablemente a su favor. Se convierten en una masa informe que emana un fuerte y desagradable olor ácido. Además ocupan espacio en casa y oficinas con la tremenda limitación que de no contarse con espacios y equipos adecuados (salas y proyectores) no se pueden ver (visionar como dirían ahora los huachafos). Es decir se convierten en objetos que estorban.

Sin embargo, las películas no solo tienen valor por su calidad artística, sino que además contienen mucha información. No solo las obras que con toda propiedad pueden ser calificadas de cinematográficas en mayor o menor grado sino, inclusive, la mas simple película familiar nos puede revelar muchas veces los usos y costumbres de una época, además de redescubrirnos lugares y/o personajes históricos. Mas allá de contarnos complejas historias que en su momento fueron parte del imaginario colectivo de nuestra nación y que muchas veces continúan siéndolo, el cine es memoria viva que contribuye a recuperar nuestra identidad. Y aunque no lo parezca, las películas son asimismo delicados objetos que de no cuidarse adecuadamente se pierden de manera irreparable, para siempre.

El 1 de marzo (hace ya un mes y 20 dias) venció el plazo que se autoimpuso el Ministerio para tener listo el informe y por lo tanto es totalmente pertinente preguntarnos ¿Dónde está? ¿Está ya listo? ¿Por qué no se publica de existir el mismo?

Por supuesto que no lo sabemos y quien sabe nunca lo conozcamos. Al menos la pagina web de la DAFO (Dirección del Audiovisual Fonografía y Nuevos Medios ) no menciona nada al respecto. Tan solo tuvimos noticias extraoficiales que en los ordenados archivos del Ministerio no encontraban los anteriores informes que voluntariamente habían hecho los cineastas respecto al tema, así que hubo que contactarlos y solicitárselos. Después de todo es material importante por la información contenida y que en gran medida viene a resolver parte del necesario informe que en algún momento los funcionarios tendrán que hacer para cumplir con el burocrático encargo.

Sin embargo, mas allá de que aparezca publicado o no el informe mencionado, y ojalá exista y pronto lo conozcamos, la reciente consulta realizada por la DAFO sobre los futuros concursos cinematográficos 2018 (y que por razones de extensión y complejidad abordaremos en otra nota) evidencian que no existe mayor voluntad por parte del Ministerio de Cultura de enfrentar el tema Cinemateca Nacional con el diseño de una seria Política de Conservación al respecto, la que a nuestro juicio debe de estar enmarcada dentro de una Política Cinematográfica mayor.

Para contentar a la platea, se prefiere más bien destinar una buena cantidad de dinero (750,000 soles) a lo que se ha denominado “Concurso Nacional de Proyectos de Preservación Audiovisual” que mas allá de la buena voluntad que los motiva, resultan siendo solo un paliativo a un tema que necesita una solución mayor: el de la pérdida sostenida de nuestros archivos cinematográficos.El Concurso, resulta la evidencia que se está escogiendo un tortuoso camino equivocado, tal como lo demuestran otras experiencias internacionales: el camino de la privatización de nuestro patrimonio fílmico.

Y por ultimo, porque no decirlo, se organiza un concurso donde al menos uno de los premios parece ya tener un ganador seguro (o tal vez dos). ¿Adivinen que Universidad será? Aunque ya sabemos la burocrática respuesta que se nos dará; como muchos también nos peguntamos ¿Por qué con esa cantidad de dinero no se sientan las bases de una Cinemateca Nacional?

Francisco Adrianzén Merino
Lima, 28 de abril 2018

sábado, 16 de enero de 2016

Planes sin cines



Cada nueva elección presidencial en el país vuelve a poner los reflectores de la opinión pública medianamente informada sobre los programas y propuestas de los aspirantes a gobernarnos en el próximo lustro. Aunque sabemos que en muchos casos son una colección de lugares comunes, frases hechas, propuestas demagógicas,  generalidades gaseosas y buenos deseos, y que encima casi todos los incumplirán, de todas maneras sirven de indicadores del conocimiento (o mejor desconocimiento) de las diferentes realidades del país, sus prioridades, enfoques y propuestas, cuando las hay, y que supuestamente llevarán a cabo de ser favorecidos por el voto popular.  


Una primera constatación sobre lo publicado por el Jurado Electoral, para Fuerza Popular, Perú Posible, Perú Nación y Alianza Popular la cultura no existe. Algo tienen que decir, aunque sea más floro que contenido, en Alianza para el Progreso, Partido Nacionalista, Perú Libertario, Siempre Unidos, Democracia Directa, Progresando Perú y Partido Humanista Peruano. Y si tienen propuestas al respecto, aunque no con el mismo conocimiento ni profundidad,  en Frente Amplio, Peruanos por el Kambio, Acción Popular, Orden, Perú Patria Segura, Todos por el Perú, Solidaridad Nacional y Frente Esperanza (especialmente los dos primeros, dentro de sus respectivas perspectivas ideológicas, ya que en los otros se encuentran una suma desordenada de ideas, acciones y dislates, incluso contradictorios, y en muchos casos sin mayor sustento).

El panorama se hace más crítico cuando queremos analizar las políticas para sectores específicos como la cinematografía, donde salvo Frente Amplio y  Peruanos por el Kambio nadie parece tener nada que decir. Cosa curiosa, porque el cine peruano ha dado que hablar bastante en estos últimos años, sea por los sucesos de ‘La teta asustada’ y ‘AsuMare’, el aumento significativo de estrenos peruanos o el debate sobre la ley de cine; pero para la gran mayoría de nuestros políticos y sus técnicos y asesores, parece llover sobre mojado (cuan diferente a países como España, o más cercanamente Argentina, Brasil,  Chile, Colombia, Uruguay o Ecuador; donde si se debaten estos temas, y los políticos y sus asesores pueden hablar con fundamento de esos y otros asuntos).

De todas maneras hay algunos que a falta de palabras hablan por las acciones que hicieron cuando fueron gobierno, como el fujimorismo, padre putativo de la Ley actual, la 26370, pero que también fue el primer responsable de su no aplicación, al incumplir con asignar el presupuesto establecido; lo que se prolongó con Toledo y Alan García en su segundo periodo, que tampoco cumplieron con entregar el presupuesto integro, ni permitieron un nuevo marco legal, pese a las promesas. Finalmente el nacionalismo, que si cumplió por fin con la Ley, dando una norma complementaria para su aplicación, pero que no se atrevió ni quiso apostar a un marco legal más amplio e integral con el proyecto  que promovió el Ministerio de Cultura y los gremios de cine, finalmente archivado para no molestar al MEF.

Revisando lo publicado por los dos grupos antes mencionados, hay que decir que las propuestas en el campo cinematográfico son bastante pobres y cuestionables.  En el caso del Frente Amplio su planteamiento más concreto es “Recuperación de CONACINE”, lo que parece más una reivindicación pasada que una apuesta al futuro con un organismo plural y representativo. No hay mayor explicación sin embargo de cómo esta medida pueda significar algo importante para el cine peruano actual, máxime si no hay un balance de lo que fue su accionar, ni de las denuncias que pesaron sobre los que estuvieron al mando del mismo en los últimos tiempos. Tampoco parece haberse tomado en cuenta que su existencia contraviene la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo, que solo permite el uso y asignación de fondos públicos por funcionarios del Estado. Llama la atención sin embargo que no se diga nada de otros aspectos más importantes como la cuota de pantalla, la creación de la cinemateca nacional, la comisión fílmica o del fondo para la actividad cinematográfica, que formaban parte del proyecto de nueva ley de cine, que tampoco se menciona. En lo que si resulta positivo es la propuesta relacionada con la producción televisiva, en especial para la televisión pública, y la creación de un fondo similar o complementario al cinematográfico, lo que podría complementarse con el apoyo a la difusión y promoción de la producción independiente en ese importante medio, así como en las plataformas virtuales creadas o por crearse.

En referencia a Peruanos por el Kambio, ellos mencionan bastante escuetamente lo siguiente: “En cuanto al sector cinematográfico, la entrega del fondo concursable de la Ley de Cine empezó a cumplirse a cabalidad luego de 20 años de promulgada la Ley respectiva (la Ley Nº 26370, de 1994) Es necesario que este compromiso estatal no dé marcha atrás; así como es indispensable trabajar en la actualización de su legislación“. Lo que significa que por lo menos en el papel, se asegura el cumplimiento de la ley y sus recursos por ser un “compromiso estatal”. Es interesante también que sea el único que  hable de actualizar la legislación, aunque cabría preguntarse en qué sentido se propone y al servicio de quienes, ya que podría significar una vuelta a propuestas como la “ley Raffo” antes que a las que han venido sosteniendo los cineastas en los últimos años. Debe tenerse en cuenta que la cabeza de esta agrupación y candidato presidencial fue Ministro de Economía y Primer Ministro en la administración de Toledo, donde no solo se incumplió la ley sino se eliminó la exoneración tributaria para las películas peruanas y culturales, como se había hecho también con el impuesto a los espectáculos culturales (que finalmente se revirtió por la masiva protesta de los artistas y teatreros). Y quien lo acompaña en la plancha fue Ministra de Economía de García, y enemiga acérrima de una posible ley de Mecenazgo, a pesar de que era impulsada por congresistas del Apra.

En fin, así están las cosas para el cine peruano, con una cartelera electoral que a veces parece  tan lamentable como la de los cines comerciales…esperemos el intermedio.         

miércoles, 3 de diciembre de 2014

"Gloria del Pacífico" o las paradojas de la guerra y el cine peruano

por Christian Wiener

Páginas heroicas
Es bastante paradójico y hasta simbólico del Perú actual lo sucedido a la película peruana “Gloria del Pacífico” de Juan Carlos Oganes. Como se sabe, es una película que busca recrear los hechos históricos que rodearon la guerra con Chile en 1880 y los sucesos y personajes que participaron de las batallas del Alto de la Alianza y Arica.  El cine peruano, en general, escasamente ha abordado estos temas del pasado, siendo tal vez el único antecedente la cinta “Páginas heroicas” filmada en el año 1926 por José A. Carvalho, y prohibida por la Junta Censora del entonces gobierno de Leguía (que en esos años negociaba con Chile la devolución de las “provincias cautivas” de Tacna y Arica), lo que finalmente terminó frustrando la carrera de los productores, condenando la película al ostracismo y la leyenda. 

“Gloria del Pacífico”, por suerte, no ha tenido tan funesto destino, lo que no podía ser de otra manera, porque la censura oficial no existe en el país desde el año 1980. Sin embargo, y como ya ha sucedido antes, hay otras formas más sutiles pero no por ello menos perversas de boicotear una película, y es la manera como los exhibidores la van segregando y arrinconando en sus salas, a pesar que no se pueda decir en este caso que no haya asistido público para verla. Pero se dirá que de todas maneras se ha estrenado, omitiendo que por las ambiciones de la producción, esta hubiera requerido un trato cuando menos  similar al que brindan a tanto blockbuster gringo conque inundan cada cierto tiempo la cartelera, lo que ha obligado a la producción a buscar formas alternativas de distribución en el interior del país. Otros que también fueron, por decir lo menos, poco promocionales y en algunos casos hasta mezquinos, fueron los grandes medios de comunicación,  en especial si uno compara con la manera como exaltaban y publicitaron a “Asu Mare” o “A los 40”, así como otros estrenos más mediáticos o con temas menos controversiales. Y por último, por parte del propio Estado, ya que si bien la película no recibió ninguna de los diferentes tipos de ayuda y subvenciones que brinda la Ley de Cine y el fondo Ibermedia, realizándose exclusivamente con capitales privados, pudo cuando menos haber tenido un impulso y promoción cuando menos para su estreno, no solo por parte del Ministerio de Cultura sino también del de Educación, que buena falta hacen producciones como esta para la currícula escolar.

Por lo demás, y hay que decirlo, la cinta de Oganes es digna y logra superar una serie de prejuicios y caricaturas a los que suele ser tan afecta estas producciones, presentando una visión de los hechos bastante sugerente y convincente en sus escenas de acción, que más allá de alguna frase o pose para la historia, impresiona por su despliegue y ambición. Lo que es no poca cosa en un país que hasta hace poco no quería mirar atrás ni indagar en su historia, a no ser para burlarse de ella, como irresponsablemente  sucedió con la obra teatral “Perú jaja” (vale la pena mencionar que otro interesante antecedente, poco valorado, son los cromos heroicos con que juega la niña Cayetana de “Las malas intenciones” de Rosario García-Montero).

Sin embargo, hablaba al inicio de las paradojas que rodean a esta película y una de ellas es la coincidencia histórica con el fallo del Tribunal de la Haya sobre los límites marítimos con el vecino del sur (lo que demuestra la plena vigencia y actualidad del tema, al igual – y no es casualidad- que “Páginas heroicas” en los años 20). Pero lo más paradojal es que su estreno se dio en el contexto de un gobierno que se proclama nacionalista, con un Presidente, militar por añadidura, y cuya imagen  de candidato se construyó en gran parte reivindicando los fueros de la nación frente a los anteriores gobiernos entreguistas, y una de cuyas banderas principales fue reivindicar la bandera,  los honores mancillados y las heridas abiertas por el ejército chileno en ese doloroso conflicto que nos enfrentó conjuntamente con Bolivia. En ese sentido, “Gloria del Pacífico” pudo convertirse en la película que mejor expresara ese sentimiento, no desde un punto de vista oficial u oficialista, sino como símbolo de dignificación y relectura histórica de un gobierno cuyas doctrinas primigenias y motivaciones de sus simpatizantes se proyectaban en ese sentido. Pero nada de eso ha sucedido, sino todo lo contrario, la película a nivel oficial se cubre con el manto del silencio culposo, como aquellos que no quieren que le recuerden eventos de su pasado que prefieren enterrar en los recuerdos.  Dicen en cambio los rumores palaciegos que la película peruana más celebrada de los últimos tiempos en las esferas del poder ha sido “Asu mare”, con todo su humor criollo, discurso arribista y "Marca Perú", lo que no deja también de ser altamente simbólico de lo que ha pasado en este país de las maravillas en estos últimos años.